El Antiguo Egipto representa una de las civilizaciones más avanzadas y sorprendentes de la era precristiana. Dejaron un rico legado cultural, en el que destaca el aspecto arquitectónico. Las pirámides egipcias son una de las maravillas del mundo y hasta el sol de hoy tienen un atractivo turístico sin precedentes, que moviliza millones de personas al año en Egipto. Todo el que las visita siente el magnetismo de una cultura que marcó la diferencia.

La magnificencia de Egipto ha atraído a la humanidad por años, al tiempo que ha estado acompañada de numerosos misterios y mitos a través de la historia. Es por ello, que muchos especialistas se han dedicado a estudiar la cultura milenaria y a procurar desentrañar sus complejos enigmas. Tanto es el interés que el Antiguo Egipto despierta, que cuenta con una disciplina dedicada exclusivamente a su estudio exhaustivo: la egiptología.

A principios del siglo XX, la cultura egipcia era poco conocida en el mundo y, ante la falta de estudio, muchos de sus aspectos permanecían ocultos. Fue entonces que las exploraciones arqueológicas empezaron a estar en auge en Egipto. Con ellas, el conocimiento sobre el tema egipcio comenzó a difundirse un poco más a escala mundial. Diversos elementos fueron descubiertos, se descifraron algunos enigmas y un gran misterio entró en el panorama: las maldiciones faraónicas.

 

¿En qué consiste la maldición?

 

La maldición de los faraones radica en la creencia de que cualquier persona que se atreva a profanar la tumba de un faraón en el Antiguo Egipto recibirá una poderosa maldición que acabará con su vida. Para los egipcios, el respeto a la muerte era un valor profundamente arraigado. Es por ello que dedicaban numerosos recursos, tiempo y esmero a las sepulturas de los fallecidos. Por supuesto, esto ha contribuido a reforzar la creencia en el maleficio.

Así, las tumbas tenían en las entradas y en sus paredes internas diversas escrituras jeroglíficas e inscripciones de diverso significado. Algunas de ellas fueron interpretadas como advertencias hostiles ante visitantes inoportunos o maldiciones, que buscaban disuadir a las personas de que entraran a las construcciones sagradas.

Una de las maldiciones más conocidas en la cultura occidental es la que se asocia a la tumba del faraón Tutankamón, perteneciente a la XVIII dinastía. Captó la atención del mundo cuando el explorador Howard Carter hizo un hallazgo macabro en la tumba faraónica. Se trataba de una antecámara con una oscura sentencia: “La muerte golpeará con su miedo a aquel que turbe el reposo del faraón”.

La maldición de tutankamón

 

Tutankamón

 

Para el impresionable imaginario de la población de principios del siglo XX, el hallazgo de la tumba de Tutankamón causó un verdadero furor. Realmente todos los elementos en torno al descubrimiento creaban una combinación enigmática: el cuerpo embalsamado y momificado de un joven faraón, un elaborado sarcófago, tesoros, cámaras secretas e intrigantes escrituras jeroglíficas.

El egiptólogo Howard Carter, financiado por el millonario mecenas Lord Carnarvon, había puesto en marcha una de las mayores expediciones llevadas a cabo en el Valle de los Reyes de Egipto hasta el momento. Fue así, que el 4 de noviembre de 1922 realizó uno de los mayores descubrimientos de la historia al hallar la tumba faraónica intacta y mejor conservada del mundo egipcio.

El agudo explorador encontró flores secas con más de 2.000 años de antigüedad, así como diversos tesoros y reliquias, los cuales catalogó minuciosamente. Sin embargo, lo que creaba más expectativa era por supuesto la apertura del sarcófago faraónico que resguardaba el cadáver. Tras su hallazgo en la última cámara de la tumba, comenzaron a morir en misteriosas circunstancias personas presentes en la exploración. Esto marcó el inició a la leyenda de la maldición.

La maldición de tutankamón

Máscara funeraria de Tutankamón

 

Las víctimas de la maldición del faraón

 

Cuatro meses después de la apertura de la tumba de Tutankamón, el financiador de la expedición, Lord Carnarvon, sufrió una poderosa infección producto de la picadura de un mosquito. Al parecer, se habría cortado la aparentemente inofensiva picada mientras se afeitaba, hecho que expandió la infección a todo su cuerpo. Al mismo tiempo en que Carnarvon murió, su mascota por varios años perdió la vida repentinamente.

No conforme con esto, otra extraña circunstancia devino sobre la ciudad de El Cairo en el momento de la muerte del lord: un inminente apagón que sumió todo en la más absoluta oscuridad y que la compañía de electricidad no supo explicar. Por si fuera poco, cuando la autopsia del cadáver tuvo lugar se encontró una intrigante coincidencia: la marca producida por la picada tenía la misma ubicación que una herida en el cuello de Tutankamón.

El hermano del lord murió sin explicación alguna cuando regresó a Londres, tras la exploración. Arthur Mace, que ayudó a derribar el muro para entrar en la cámara real, falleció sin que los médicos pudieran explicarlo. Sir Douglas Reid, que hizo las radiografías de la momia, enfermó repentinamente y murió. La secretaria de Howard perdió la vida y su padre se suicidó. Así, siguieron más decesos y pronto la prensa inglesa comenzó a difundir la leyenda de la maldición.

La maldición de tutankamón

Carnarvon a la izquierda y Carter a la derecha

El regreso de la maldición

 

Después de la repentina ola de muertes, los fallecimientos parecieron disminuir y poco a poco el interés en la maldición se fue disipando. Así, la temible maldición del faraón pasó a ser una leyenda olvidada, que rara a vez salía a colación en la prensa. Sin embargo, todo cambió repentinamente en las décadas de 1960 y 1970.

Para esos años, diversos elementos extraídos de la tumba de Tutankamón se encontraban resguardados en el Museo Egipcio de El Cairo. Diversos museos de Europa se encontraban planificando grandes exposiciones acerca del Antiguo Egipto y su riqueza cultural. El mundo se conmocionó cuando los dirigentes del museo de El Cairo murieron repentinamente, justo después de aprobar el traslado de las valiosas piezas faraónicas.

De hecho, parte del equipo que trasladaba las piezas a Londres para su exhibición también sufrió accidentes. Como era de esperarse, todo el revuelo alrededor de la maldición faraónica resurgió y se fue acrecentando el mito. Una década más tarde, mientras se filmaba una película sobre el tema, el actor Ian McShane sufrió un grave accidente automovilístico.

 

Muerte de Howard Carter

 

Uno de los eslabones que escapó de las oscuras garras de la maldición fue el líder de la exploración a la tumba de Tutankamón. Carter murió a la edad de 64 años por causas naturales. Hasta el final de sus días se mantuvo escéptico con respecto a la existencia de la maldición faraónica. De hecho, llegó a afirmar lo siguiente:

“Los antiguos egipcios, en lugar de maldecir a quienes se ocupasen de ellos, pedían que se los bendijera y dirigiesen al muerto deseos piadosos y benévolos. Estas historias de maldiciones, son una degeneración actualizada de las trasnochadas leyendas de fantasmas. El investigador se dispone a su trabajo con todo respeto y con una seriedad profesional sagrada, pero libre de ese temor misterioso, tan grato al supersticioso espíritu de la multitud ansiosa de sensaciones”.

La maldición de tutankamón

Howard Carter ante el sarcófago del faraón