Al hablar del libertinaje que predominaba en el siglo XVIII en Europa, una de las referencias populares es sin duda alguna, el Marqués de Sade. Un nombre que ha despertado distintos sentimientos a través de la historia: miedo, indignación y admiración.

Dejó una prolífica colección de cartas y libros, en los que exploró y filosofó acerca de sus creencias. En vida, defendió sus controversiales principios a capa y espada e incluso al estar encarcelado por años, en ningún momento se retractó.

Se opuso acérrimamente a los principios del racionalismo y la razón. Fue un fiel defensor de la rebelión, el extremismo y el antihumanismo, cosa que para el siglo XVIII generó mucho escándalo. Esto no impidió que sus creencias y los temas que exploró hayan tenido una gran influencia hasta nuestros días.

LOS ORÍGENES DEL ESCRITOR

Donatien Alphonse François de Sade nació en el año 1740, en una cuna aristocrática (de allí su título de Marqués). Este origen de alcurnia no le impidió actuar como un izquierdista radical y como Delegado de la Convención Nacional de la Revolución Francesa. Posteriormente, renunció a ese título en la época del terror.

Fue un gran amante de la literatura y dedicaba largas horas de su vida al disfrute de la lectura. También cultivó su faceta como escritor y publicó obras de contenido sumamente controversial como “Los 120 días de Sodoma”, así como poemas y otras obras más convencionales.

“Justine”, una de sus novelas más populares, fue duramente criticada por la sociedad francesa y generó un gran escándalo entre las clases acomodadas. El revuelo no fue provocado por los excesos pornográficos, sino por la predicación de una moral en la que abusar de otros seres humanos e infringirles dolor es totalmente aceptable.

Ilustración

LAS CREENCIAS MÁS CONTROVERSIALES

Para Sade, la auténtica moral implicaba que el ser humano no debía autoengañarse. Por el contrario, debía seguir sus verdaderos instintos y pasiones, incluyendo las más oscuras, sin importar que esto implicara quitar la vida a otros humanos.

Era un defensor del asesinato, como un derecho inherente a los hombres que sintieran esta necesidad pasional. Contradictoriamente, se oponía a la pena de muerte por considerar que hacerlo de forma racional era inaceptable.

Sade sostuvo el ideal de que las pasiones y los deseos crueles eran inherentes a la naturaleza humana y que debían prevalecer sobre la razón. Por lo tanto, la entrega a los excesos y al vicio no era otra cosa sino una consecuencia natural de la condición del ser humano.

creencias terroríficas

LA VIDA EXCESIVA DEL MARQUÉS

Sade fue, sin lugar a dudas, un transgresor de los cánones establecidos por la sociedad y criticó la hipocresía de los conservadores a través de sus obras. Llevó sus creencias a su propia manera de vivir. Fue un defensor de ir más allá de los límites y precisamente así vivió hasta el final de sus días.

Pasó alrededor de la tercera parte de su vida encerrado en prisión o en centros psiquiátricos, producto de diversas condenas por su “inmoralidad” o por ser considerado un demente.

Su particular visión de la moral se expandió alrededor de Europa y tuvo muchos seguidores y detractores. Después de su muerte en 1814, sus libros fueron prohibidos, hecho que no impidió que fueran distribuidos clandestinamente.

EL LEGADO

Con su pensamiento y sus prolíficas obras, creó el camino propicio para grandes figuras que se hicieron un lugar en la historia posterior. Así, muchos estudiosos creen que el Marqués de Sade tuvo gran influencia en Friedrich Nietzche, Guillaume Apollinaire y Sigmund Freud.

Introdujo la líbido en el panorama de la Europa del siglo XVIII como algo natural y como un elemento con el que no hay que luchar ni resistirse. Consecuente con sus creencias, se entregó a todo tipo de excesos y caprichos sexuales, en los no mostró pudor alguno ni discreción para ocultarlos.

Este libertinaje por parte de Sade, no era exclusivo de su persona, por supuesto. De hecho muchas de las prácticas que defendía eran muy populares en Europa. La diferencia fue que mientras el marqués no ocultaba nada, las otras personas preferían manejar este tipo de cosas a puerta cerrada para mantener su imagen respetable.

EL MARQUÉS DE SADE EN LA GRAN PANTALLA

El Marqués de Sade, como un gran exponente del libertinaje y los excesos, a través de los años atrajó la atención de estudiosos, escritores y por supuesto, cineastas.

En el año 2000, la película “Letras prohibidas”, de Philip Kaufman, exploró la figura de Sade en su faceta de defensor liberal de la libertad de expresión. A continuación, pueden ver el tráiler.

También es bastante conocida la película “Salo o las 120 noches de Sodoma”, película de culto del director italiano Pier Paolo Pasolini.

Salo 120 días de sodoma

Sin duda la existencia de una figura tan controversial dejó una impronta no sólo en el pensamiento de la época, sino en las generaciones posteriores y a nivel mundial. Su peculiar y libertina filosofía, no dejará de parecer atractiva a infinidad de artistas que no desperdiciarán la oportunidad de explotar su existencia.

Habría que preguntarse cuántos podrían llevar su libertad a tales grades de exploración, y hasta qué punto podríamos considerarlo aceptable. Este sería el punto donde seguramente comenzaríamos a entrar en la categoría que hace honor al nombre de este francés: ¿no es sorprendente que hasta la palabra “sádico” sea un tributo a su memoria?