Las sirenas han estado presentes en el folklore de nuestro mundo desde prácticamente el nacimiento del mismo. Sin embargo, aunque la idea de seres mitad humanos/mitad peces puede sonar como producto de una fantasía, hay numerosos informes de avistamientos y encuentros con estos extraños seres por todo el mundo. Estos relatos sugieren que algo muy parecido a las sirenas de las leyendas podrían ser reales, pero ¿encaja esto con nuestra realidad o no? ¿Son estas historias solo eso, o hay algo más viviendo en nuestros océanos?

Es innegable que los seres mitad humanos/mitad peces son un tema recurrente en todo el mundo, incluso a pesar de nuestras diferencias culturales, y estos seres tienen un lugar muy especial en el mundo de lo extraño. Muchos casos de sirenas o seres marinos extraños provienen de los rincones más alejados del mundo, incluso de lugares de los que tal vez nunca has escuchado hablar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en medio de los combates que se esparcieron rápidamente a través del Pacífico, hay un caso interesante que fue reportado por soldados japoneses de las Islas Kei de Indonesia en 1943.

 

La extraña criatura de las Islas Kei

 

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Las Islas Kei, también conocidas como las Islas Kai, se encuentran en el Sureste de las Islas Maluka de Indonesia; cubren un área total de alrededor de 555 millas cuadradas y son famosas por sus hermosas playas y paisajes vírgenes. Fue en esta preciosa isla paradisíaca con playas de arena blanca que tuvo lugar el caso más peculiar y misterioso de sirenas que se registró en esa época.

En 1943, unos soldados japoneses estacionados con un equipo de vigilancia en una pequeña y remota isla dentro de la cadena Kei informaron haber visto extrañas criaturas en el agua que tenían miembros y rostros similares a un humano, pero una boca como un pez carpa, llena de dientes afilados. Las criaturas tenían alrededor de 150 cm de alto, y tenían la piel de color rosa o salmón, así como espinas de algún tipo en sus cabezas e incluso sus cuellos y hombros.

Estos extraños seres no cumplían con la imagen de cómo debe lucir una sirena en absoluto. A diferencia de las sirenas clásicas, no se les describía como doncellas atractivas y no tenían colas de pescado, sino que poseían dos brazos largos y dos prominentes patas como las de las ranas, que terminaban en garras.

En una ocasión, dos de las criaturas fueron vistas jugando en una laguna, y otra fue vista nadando cerca de una playa de una manera similar a un ser humano haciendo brazas. Un soldado recuerda haber visto una de las criaturas en la playa una noche; el soldado pensaba que era un niño hasta que la criatura se dio la vuelta y el hombre pudo ver a la luz de la luna sus rasgos faciales. La criatura rápidamente se precipitó al agua y no resurgió.

 

¿Amigos o enemigos?

 

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Se supone que eran capaces de moverse por tierra en cierta medida; otro soldado afirmó haber visto a una criatura corriendo por la arena al atardecer, y parecía estar buscando algo. Sin embargo, se decía que estaban más cómodas en el agua, en la que tenían la habilidad de nadar a grandes velocidades con facilidad.

Incluso hubo informes de interacciones entre las tropas y las criaturas. Una patrulla de soldados japoneses afirmó que habían atravesado un matorral para llegar a una laguna aislada y tomar un descanso. Al principio las cosas parecían serenas y pacíficas como la mayoría de las escenas de la tranquila isla, pero luego algo se agitó en el agua. Pensando que era una especie de pez grande, los curiosos soldados observaron para ver qué era.

Entonces un extraño ser salió del agua y se subió a una roca. Era de color rosáceo y con rasgos parecidos a los de un mono, sólo que carecía de cabello y poseía una boca como un pez, con brazos que terminaban en manos con membranas interdigitales y garras.

La criatura rápidamente se volvió a los soldados que observaban sorprendidos en la orilla y, según los informes, dejó escapar un ruido que las tropas no tradujeron como particularmente amigable. Poco después otra criatura atravesó el agua hacia ellos de un modo elegante y suave, tan rápido como cualquier pez. La velocidad con que se acercaba era sorprendente.

Mientras la segunda criatura nadaba en silencio hacia ellos, la de la roca continuó emitiendo extraños gorgoteos y los hombres, entrando en pánico, comenzaron a disparar. El agua recibió una lluvia de balas y las criaturas se fueron, dejando a las tropas desconcertadas en medio de la selva preguntándose qué acababan de ver.

 

El Orang Ikan

 

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Otro soldado que había tomado un descanso cerca del agua, informó que al abrir los ojos vio fijamente la cara de una “horrible criatura parecida a un mono con una boca de pescado y espinas como un erizo de mar” que sobresalía de la superficie a no más de 3 pies de distancia, exudando un olor a pescado. Inmediatamente buscó su arma y la descargó hacia la criatura, pero desconoce si la hirió o no.

Otros soldados, aunque no se encontraron directamente con las bestias, a menudo las veían acostadas en playas aisladas o nadando lánguidamente. Al menos un soldado asegura haber visto a una atrapando un pez y comiéndoselo.

Aunque los soldados japoneses estaban profundamente perplejos por los encuentros, estas criaturas no eran desconocidas para los pueblos indígenas de las islas. Cuando se les preguntó acerca de ellos, los aldeanos le dijeron a los japoneses que eran conocidos localmente como Orang Ikan. En malayo, Orang significa “humano” e Ikan significa “pescado”. Los aldeanos dijeron que a menudo eran vistos en las islas, y a veces incluso eran atrapados en sus redes de pesca.

Normalmente se mantenían alejados, pero eran ferozmente territoriales y atacarían si alguien se acercaba demasiado. Las criaturas eran temidas por los nativos, pero se veían como parte natural del ecosistema de la isla, y los japoneses fueron informados de que si capturaban otro, podrían verlo por sí mismos.

 

Encuentro cercano con la criatura

 

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Una noche, el sargento del equipo de vigilancia, el Sr. Taro Horiba, fue convocado por el jefe de la aldea cercana. Un Orang Ikan había sido encontrado muerto en una playa más temprano ese día y el cuerpo estaba disponible para verlo. El sargento se dirigió con escepticismo hacia la cabaña del jefe, donde se reunían aldeanos ansiosos, como si temieran algo. El sargento japonés se preguntó si realmente quería ver lo que había en aquella cabaña, que asustaba tanto a los aldeanos.

Sin embargo, su parte racional asumía que habría alguna explicación mundana, y que encontraría una respuesta. Horiba terminó aturdido por lo que encontró esparcido sobre la hierba tendida en la casa del jefe.

Horibe describió la extraña y muerta criatura que vio allí como de unos 160 cm de largo, poseía una cabeza con cabello rojizo hasta los hombros, aunque era escaso, así como espinas a lo largo del cuello. Su cara era bastante fea, con una combinación de rasgos humanos y simios; una nariz baja y corta, una frente ancha y orejas pequeñas. La boca sin labios era ancha como la de un pez, específicamente descrita como la de una carpa, y llena de diminutos y afilados dientes que parecían ser perfectos para agarrar y sostener presas.

Los dedos de las manos y pies de la criatura eran largos y palmados, y terminaban en garras translúcidas. Horiba también informó que había algún tipo de algas adheridas por todo su cuerpo, lo que le daba al torso un tono verdoso. Se decía que el hedor de la bestia era horrible, una mezcla de pescado podrido y carne fétida; un asalto absoluto a los sentidos.

 

Sin explicación lógica

 

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Aunque el sargento Horiba había visto al Orang Ikan en varias ocasiones pero de lejos y dudando de lo que había visto, no podía comprender qué era lo que había presenciado tan de cerca en la casa del jefe. No había ninguna criatura conocida que residiera en la isla que se pareciera al extraño ser humanoide que había observado, y la visión del cadáver lo perturbó profundamente.

Al regresar a Japón, Horiba relató sus experiencias e instó a varios zoólogos a investigar, pero nadie lo tomó en serio. El hecho de que no hubiera tomado ninguna foto no ayudó a su causa, y al final fue ridiculizado por la mayoría de sus colegas.

¿Qué es lo que vieron estos soldados? ¿Qué era la criatura en la casa del jefe? ¿Podría haber un verdadero animal que explicara el caso? Los aldeanos locales ciertamente no lo encontraban extraño, así que aquí tenemos un caso clásico de una criatura etnogénica, lo que significa que es conocido por los lugareños y es parte de su cultura pero es un misterio para cualquier extranjero.

Muchos quisieron atribuir estos misteriosos seres a la imaginación de los japoneses debido a que se encontraban en una tierra extraña, en tiempos de guerra y bajo condiciones extremas; pero el número de avistamientos y la cantidad de testigos dejan mucho que pensar.

 

¿Animal o criatura mitológica?

 

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Muchos avistamientos de sirenas se han atribuido a confusiones con dugongos o manatíes. Los dugongos, aunque raros, se encontraron alguna vez en todo el Indo-Pacífico, y bien podría haber existido en el área de estos avistamientos indonesios. Sin embargo, parece poco probable confundir un dugongo con un Orang Ikan.

Los dugongos no tienen dos brazos y dos piernas como el Orang Ikan, y no es posible que la cara de un dugongo pueda ser comparada a la de un humano. Tampoco son conocidos por ser ágiles o nadar rápido, que es una característica común en los informes del Orang Ikan. Los aldeanos también podrían haber sido capaces de hacer una distinción entre cualquier dugongo en la zona y una sirena. Definitivamente no era el cuerpo de un dugongo lo que el sargento Horiba describió haber visto en la casa del jefe.

Sea lo que sea, el Orang Ikan representa un misterio curioso y poco conocido que nunca ha sido resuelto satisfactoriamente, y de todos los avistamientos de sirenas, este caso de soldados japoneses sorprendidos durante la guerra por tales criaturas en estas islas remotas tiene cierto encanto místico. Si se trataba de verdaderas sirenas como las del folklore, o eran otro tipo de criatura marina, lo cierto es que algo extraño habitaba o habita las aguas de esas islas de Indonesia. Lo que son exactamente, tal vez nunca lo sabremos con certeza.

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