Hay pocos enigmas que permanecen ocultos al ojo humano. Los secretos, en esta nueva era, donde es mucho lo que se ha descubierto por el hombre, ya son para el día de hoy grandes revelaciones. Sin embargo, hay una parte de la anatomía del ser humano que se ha resistido a revelar sus funciones por completo. El cerebro se empeña en mantenerse como un enigma para la ciencia. La mayoría de los sectores que hay en él se mantienen como un gran misterio para el hombre. Por ello, cualquier oportunidad que se presente para su estudio es aprovechada, incluso, cuando el objeto de estudio es una niña de 13 años de edad: Genie.

Aunque esta disciplina nada tuvo que ver con las circunstancias en la que esta inusual niña desarrolló parte de su vida, Genie, mejor conocida como “la niña salvaje”, representa la oportunidad que la ciencia esperaba para estudiar partes del cerebro a las que no había podido acceder. El 4 de Noviembre de 1970, Genie fue encontrada en California por las autoridades del estado. Sorprendentemente, a pesar de tener 13 años de edad, no podía hablar. Solo gesticulaba sonidos parecidos a los de un animal.

Por más increíble que parezca, la llamada “niña salvaje” solo se comunicaba a través de arañazos, escupitajos y sonidos extraños. La posición en la que mantenía su cuerpo era aún más impactante. Genie mantenía las rodillas siempre flexionadas al caminar y los hombros totalmente caídos. Al parecer nunca le enseñaron cómo andar. Y lo que es peor aún, jamás vio a otro ser humano marchando. Cuando comenzaron las investigaciones al respecto, las autoridades se quedaron atónitas al descubrir los responsables de estas lamentables conductas.

LOS RESPONSABLES DE LA TRAGICA HISTORIA DE GENIE

Luego del alarmante reporte de una trabajadora social, se comenzó una exhaustiva investigación. Lo que descubrieron fue espeluznante. Susan Wiley, nombre de pila de Genie, se encontraba en aquel estado de abandono gracias a la negligencia de sus padres. No solo la mantenían en una habitación desolada, sino que además, cuando ésta hacia ruidos era brutalmente castigada. Los golpes eran la única forma de acercamiento que tenía esta niña por parte de sus progenitores. Y la única manera de mantenerse a salvo de la violencia de sus padres era guardando silencio.

PADRES LOCOS

Los padres de Genie no negaron los daños causados a su hija. Por el contrario, argumentaron que la niña sufría de una enfermedad mental, y por ello, la mantuvieron totalmente aislada. Pero, la verdad era mucho más simple. El padre de Susan odiaba a los niños a tal extremo que simplemente abandonaba a sus hijos. Cuando la madre de Genie quedó embarazada por primera vez, tras cinco años de matrimonio, su esposo intentó estrangularla. En cuanto a ese primer bebe, luego de ser encerrado en el garaje, murió de neumonía a los dos meses de nacido.

Sorprendentemente, Susan Wiley era el cuarto niño de la pareja. Ella y su hermano mayor fueron los únicos que sobrevivieron a los maltratos infundados por su padre. Aunque de su hermano supo muy poco ya que fue enviado con su abuela hasta la adolescencia.

LA CIENCIA NO PUDO SALVARLA

Aun cuando Susan era una sobreviviente, vivir aislada y atada a una silla de baño, dejó marcas que la ciencia no pudo borrar, aun así, su terrible situación se logró aprovechar para grandes estudios científicos.

Malnutrición, incapacidad para hablar y rastros de fuertes traumas fueron sólo algunas de los síntomas que los psicólogos y médicos encontraron en Genie. La niña, con mucha dificultad, podía decir apenas 20 palabras, que en su mayoría se relacionaban con situaciones agresivas: “no más” “para” “ya no”. Curiosamente, en 1970, época a la que pertenecía esta niña, el término psicológico que se usaba para clasificar a infantes en situaciones similares era el de  “niños ferales o salvajes”.

Al principio, los médicos no se decidían por donde debían comenzar el tratamiento de Genie. Su mala alimentación marcó el punto de partida. Fue internada inmediatamente en el hospital de niños de los Ángeles. Una vez estable, comenzó la controversial discusión entre los doctores. Muchos mantenían la teoría de que el lenguaje se encontraba innato en el ser humano. Pero otros, afirmaban que el lenguaje no era algo biológico, sino social, y que además, necesitaba del desarrollo de cierta parte del cerebro para dominarlo completamente.

Genie, niña salvae

La niña salvaje despejó las dudas que los médicos tenían para la fecha. Susan Wiley logró hablar, pero debido a que la parte de su cerebro donde se produce el lenguaje no fue usada antes de los doce años, nunca pudo conectar oraciones gramaticalmente correctas. De esta manera, esta trágica historia se ha mantenido por años en el foco de miles de lingüistas, psicólogos y neurólogos.