En los años sesenta, Estados Unidos fue la primera nación en hacer público los intentos del hombre por explorar el espacio. Se sabe de antemano que la Unión Soviética también trabajaba en proyectos con los mismos intereses, incluso hay rumores de que la Alemania nazi financió varios de ellos y contribuyó a algunas investigaciones. Lo más importante a considerar es que los archivos americanos son una fuente de grandes descubrimientos que permanecen a oscuras, ocultos todavía al escarnio popular. Aun así, eso no ha evitado que se filtren parte de esos hallazgos.

 

El Programa Apolo: primeros pasos del hombre en el espacio

 

Una de las misiones al espacio más famosas del siglo XX es el Programa Apolo, del cual se han hecho libros y adaptaciones al cine. Su objetivo principal era explotar la superficie de la luna por primera vez en la historia de la humanidad, estudiar los cráteres u otros fenómenos geológicos y, progresivamente, construir bases habitables para futuras misiones.

Logo oficial del Programa Apolo

Logo oficial del Programa Apolo

Las primeras naves Apolo marcaron el camino de salida hacia el espacio y a partir del Apolo 11, el hombre puso un pie en el satélite lunar. Aunque este programa espacial marcó un antes y un después en la ciencia moderna, solo hay registros disponibles de sus logros exploratorios hasta el Apolo 17, las otras tres han sido solo comandos de transporte a la base espacial Skylab.

 

La olvidada nave Apolo 20

 

Si bien la historia solo cuenta el progreso de estas naves, poco a poco se han filtrado observaciones de otras Apolo. La nave con más relevancia para las investigaciones de la ufología es la Apolo 20, de la cual se cuenta que tuvo contacto directo con alienígenas.

Afiche soviético de Apolo 20

Afiche soviético de Apolo 20

De acuerdo con los archivos encontrados, el Apolo 20 era una nave que no formaba parte del Programa Apolo, pues era un proyecto sostenido en conjunto entre Estados Unidos y la Unión Soviética, sobrepasando, incluso, las vicisitudes de la Guerra Fría. En agosto de 1976 se planificó su salida de la Tierra desde una base secreta en Califonia.

La tripulación estaba conformada por William Rutledge, un navegante retirado quien años después dio a conocer la existencia del proyecto secreto junto a Leona Snyder y Aleksei Leonov, cosmonauta soviético que había viajado un año antes al espacio en el Apollo-Soyuz. Los tres astronautas estaban conscientes de que su verdadero objetivo en la luna era registrar irregularidades que no podían quedar en los expedientes oficiales.

Parte de la fotografía del Apolo 20

Parte de la fotografía del Apolo 20

El Apolo 20 tenía como misión principal aterrizar en el cráter Guyot de la luna, igual que su nave media-hermana Apolo 16, que sí estaba en el programa estatal y fue lanzada a la luna cuatro años antes, en 1972. Una vez inspeccionado este sitio, debían moverse hasta el cráter Delporte para continuar la búsqueda. No obstante, en las fotografías del Apolo 20 se puede ver una “mancha” bastante peculiar que no aparecía en los registros de la Apolo 16.

 

Houston, tenemos un problema…

 

Los astronautas encargados de la misión dentro de la Apolo 20 decidieron explorar el cráter con detenimiento. Para su sorpresa –y éxito- encontraron los restos de una nave espacial muy diferente a las diseñadas por el proyecto estadounidense o el ideado por los soviéticos. De hecho, creyeron al instante que se trataba de un cohete alienígena.

 

Detalles de la nave encontrada por Apolo 20

Detalles de la nave encontrada por Apolo 20

Según los testimonios de los astronautas y de los directores de la misión, la nave extraterrestre parecía encallada desde hace muchos años, quizás más tiempo del que gozaban los humanos recorriendo el espacio. En un primer vistazo, creyeron que se trataba de una flota exploratoria, pues no podían ver ningún tipo de armamento o cualquier otra cosa que luciera amenazante.

Se estima que la nave espacial dobla en altura a la Torre Eiffel y su largo equivale a diez barcos Queen Mary. Las medidas estipuladas son 3400m de largo y más de 300m de alto. El poco espacio para la exploración requirió un gran esfuerzo por parte de los astronautas ya que no contaban con los recursos suficientes para sobrevivir en órbita y, además, la mayoría de los accesos internos estaban bloqueados o les fallaban algunas aberturas.

 

Encuentros cercanos del tercer tipo: alienígenas congelados

 

En un examen más detallado dentro de la nave, los exploradores se dieron cuenta de que estaba conectada a una base espacial arraigada en la superficie lunar, también ajena a otras operaciones humanas. Esto los llevó a pensar que era muy probable que esta nave retransmitiera información o, en su defecto, tenía una misión particular que, hasta ahora, permanece en el misterio. La exploración recuperó varios objetos y localizó dos cápsulas aparentemente encendidas.

 

Detalles de la nave

Detalles de la nave

En cada cápsula parecía dormir un cuerpo criogenizado, es decir, permanecían congelados para su futura reanimación. Los astronautas destaparon la primera, pero solo lograron recuperar la cabeza pues el resto del cuerpo lucía demasiado desgastado. Su piel era de tonos azulados o grises, y su único accesorio era una correa en la frente sin ningún tipo de inscripción.

En cuanto a la segunda cápsula, también destapada, encontraron el cuerpo completo de un espécimen alienígeno que tenía un extraordinario parecido a los rasgos femeninos humanos. Según los astronautas, tenía brazos, piernas, genitales y un cabello largo y oscuro. Todo parecía indicar que no estaba ni viva ni muerta, sino dormida.

 

La “Mona Lisa” de la luna

 

El cuerpo femenino estaba conectado a varios tubos delgados a través de su nariz, ojos y boca. Cuando Leonov y Rutledge cortaron los cables con equipo biomédico, de ellos salieron sustancias biológicas parecidas a la sangre o las mucosas humanas. Los astronautas dijeron que no tenía ningún tipo de vestimenta, pero su piel estaba protegida por una capa transparente. Lo único inusual de la anatomía eran sus manos de seis dedos y un extraño grano en la frente, a modo de tercer ojo.

 

Fotografía del cuerpo femenino hallado en la cápsula

Fotografía del cuerpo femenino hallado en la cápsula

El organismo recuperado de la nave alienígena fue traído a la Tierra y estudiado por científicos norteamericanos y soviéticos. A razón de su parecido con el famoso cuadro de Leonardo Da Vinci y el misterio detrás de su aparición en el satélite lunar, fue llamada “Mona Lisa”.

 

Foto detalle del cuerpo encontrado en la superficie lunar

Foto detalle del cuerpo encontrado en la superficie lunar

Al sol de hoy, las investigaciones continúan. Otras misiones secretas han explorado la nave para extraer más objetos que puedan relacionarse con la historia de la Mona Lisa y su extraña hibernación en la luna. Se han recuperado pequeñas placas con símbolos que, se presume, puede ser su escritura. Rutledge afirma que la mujer es la piloto o que está en la espera de sus colegas interespaciales. Todo indica que su estadía en la Tierra dará de qué hablar a los estudiosos por mucho más tiempo, mientras se conserve en ese estado inerte.