La creencia en la piedra filosofal ha estado presente en el mundo por siglos. Muchos han codiciado esta poderosa piedra que tiene la facultad de transformar cualquier metal en oro o plata y que por ende significaría una fuente inagotable de riqueza. Fue el gran reto de los alquimistas de todos los tiempos y se le atribuyeron distintas propiedades, incluyendo el poder de curar las enfermedades, lograr la eterna juventud e incluso la inmortalidad.

Se contemplan dos variantes de la piedra filosofal: una de color blanco y una de color rojo. La diferencia entre ambas radica en las funciones que podían cumplir. Así, la de color rojo sería la destinada a la transmutación de metales innobles en oro a través de la vía seca. Por su parte, la piedra de color blanco se obtenía por la vía húmeda y permitía convertir los metales en plata.

Para obtener esta sustancia alquímica legendaria se invirtieron incontables recursos, así como mucho tiempo en investigaciones y experimentos por parte de las mentes más brillantes del mundo. Estos múltiples intentos por dar con la piedra filosofal fueron conocidos como los Opus magnum. Desde un punto de vista alquímico, dicha piedra representaba la iluminación, la felicidad celestial y la máxima expresión de la perfección.

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Los orígenes de la piedra filosofal

 

Uno de los registros históricos de mayor antigüedad, que hace referencia a la legendaria piedra, data del año 300 después de Cristo. Sin embargo, la leyenda alquímica asegura que los orígenes se remontan al tiempo primigenio en que Adán y Eva habitaron en el Edén. En ese entonces, Adán habría obtenido el secreto de la piedra filosofal del mismísimo Dios. Posteriormente, el conocimiento se transmitió de generación en generación a través de los patriarcas bíblicos.

Las teorías que describen el proceso de obtención de la piedra filosofal tienen su base en la filosofía de la antigua Grecia. De acuerdo con los postulados de Platón, los cuatro elementos de la naturaleza se derivan de una materia prima o primera cuestión asociada al caos. La importancia de esta primera cuestión en la filosofía platónica fue un elemento central que permaneció a través de los tiempos en la alquimia.

Así, los alquimistas se basaron en el concepto de ánima mundi, los elementos clásicos y las historias de Platón sobre la creación, para crear analogías sobre sus procesos. Con respecto a la piedra filosofal, denominaron la materia prima que se requiere para su obtención como prima materia. De esta forma se puede constatar la similitud con los planteamientos originales de la filosofía griega para el establecimiento del complejo sistema alquímico.

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El misterioso proceso para lograr la piedra filosofal

 

Los alquimistas se consideraban una élite iluminada con un propósito sublime. No compartían sus conocimientos a la ligera y guardaban los secretos sobre su oficio celosamente. Por eso, no es de extrañarse que establecieran un lenguaje en código para los escritos alquímicos. De esta forma se aseguraban de despistar a curiosos no relacionados con el oficio o que pudieran tener intereses indignos.

Por ejemplo, figuran en los escritos múltiples referencias al azufre y al mercurio que al parecer no se refieren a los elementos químicos conocidos por todos, sino que tenían una referencia oculta sólo conocida por los alquimistas. También había menciones al “mercurio de los filósofos” que no sería el elemento en sí, sino alguna variante que resultaba evidente sólo para los entendidos en la materia.

A través de la historia encontraremos autores, entre ellos Jacques Sadoul, que presentaron una gran variedad de ingredientes y recetas para llegar a la piedra filosofal. Muchas personas intentaron ejecutarlas y fracasaron estrepitosamente, ya sea porque no lograban descifrar los elementos encriptados o porque la piedra es simplemente inalcanzable. El caso es que hasta el sol de hoy la verdadera fórmula para la piedra alquímica representa un gran misterio.

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Los ingredientes filosofales según Jacques Sadoul

 

  • Una base de pirita o una tierra con abundante presencia de hierro. Presuntamente las enigmáticas menciones al “mercurio de los filósofos” o “el azufre filosofal” harían referencia a distintos preparados de pirita mezclados con ácido tartárico.
  • El ácido tartárico es una sustancia compuesta que se obtiene del árbol de encina. Este ácido es sensible a la luz y sería el agente responsable de que cambiara de color la Opus Magnum en sus diferentes fases.
  • El rocío recolectado en una determinada época del año.
  • La mezcla de rocío, ácido tartárico y pirita genera otros derivados necesarios para la preparación de la piedra.

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El legendario Nicolas Flamel

 

En el siglo XIV tuvo lugar la prohibición de la alquimia por parte del papa Juan XXII. Así, en el año 1317 mediante una bula papal se oficializó que la práctica alquimista no estaba permitida ni la lectura de libros relacionados con dicha disciplina. Esto generó gran dificultad y tiempos muy oscuros; aquellos que decidieron hacer caso omiso de la orden de la Iglesia operaban desde la clandestinidad y se exponían a severos castigos.

Nicolas Flamel fue uno de esos hombres temerarios que se arriesgaron a mantener viva la alquimia en los tiempos difíciles. Además se atrevió a producir escritos muy valiosos para la posteridad, en los que reflejaba sus hallazgos y observaciones. A diferencia de muchos de sus predecesores, no tenía un interés religioso y probablemente eso haya influido en su decisión de desatender la prohibición de la Iglesia que pocas personas se atrevían a desafiar.

El principal interés de Flamel era la búsqueda de la piedra filosofal y se dedicó a recopilar todos los conocimientos alquímicos de sus predecesores que le pudieran ser útiles. En sus obras describió procesos y reacciones que observó en sus experimentos, pero jamás reveló la fórmula secreta que haría posible la transmutación. Se cree que tuvo la fortuna de obtener la codiciada piedra filosofal.

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Isaac Newton y la piedra filosofal

 

La piedra filosofal, además de ser el objetivo de los alquimistas, despertó también el interés de importantes científicos como Isaac Newton. Este hombre se hizo súper conocido mundialmente gracias a sus aportes con la teoría de la gravedad. Sin embargo, pocos saben que tenía inclinaciones alquímicas, hecho que se confirmó cuando recientemente salió a la luz un manuscrito del siglo XVII en el que estudia los hallazgos relacionados con la anhelada piedra legendaria.

En el documento, que había permanecido en una colección privada por décadas, se describe el proceso para preparar el mercurio filosofal, que era una sustancia clave para conseguir la poderosa piedra. Se cree que el brillante científico británico usó el texto como una referencia al momento de ejecutar sus experimentos alquímicos. La mayoría de sus obras en el área de encuentran resguardadas en la Universidad de Cambridge donde Newton investigaba.

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Manuscrito alquimista de Isaac Newton