Una de las formas de asomarse al mundo mágico consiste en saber contemplar las figuras aparentemente caprichosas de las montañas y peñascos de México. Ellas hablan un lenguaje secreto que es posible descifrar. Una en especial, la Peña de Bernal, ofrece el más fantástico espectáculo de personajes y figuras mitológicas.

EL LENGUAJE SECRETO DE LAS MONTAÑAS

Hubo un poeta francés que recorrió México tratando de descifrar el lenguaje secreto de sus montañas. Su nombre era Antonin Artaud, una de las mayores glorias de las letras francesas de este siglo. Conocedor profundo del esoterismo universal, el poeta vino a México porque estaba convencido de que en tiempos ancestrales aquí había florecido unos seres superiores, los auténticos “Reyes de la Atlántida”, cuya sabiduría era tal que podían leer con absoluta precisión los mensajes eternos esculpidos en la geografía circundante. Estos seres superiores sabían, como milenios después lo sabría Artaud, que la naturaleza había modelado las montañas no por mero capricho, sino siguiendo un plan divino donde cada formación pétrea, cada “escultura”, tenía su significado exacto. Si la naturaleza era una “emanación” de la divinidad, al construir el paisaje no hacía más que plasmar las verdades eternas que han quedado esculpidas en las montañas, lo que el poeta francés buscaba con tanta obsesión, es justamente el conjunto de esas verdades eternas: aquello que el universo siempre ha sido y será.

En un célebre texto, La montaña de los signos., Artaud describe con admirable prosa sus hallazgos durante un viaje que se realizó al corazón mismo de la Sierra Tarahumara. Ahí las montañas cantaron para él la poesía de l roca transmutada en figura, mito y símbolo. Alucinado, contempló como la naturaleza había esculpido inmensos enjambres de pirámides, templos y catedrales, habitados por toda suerte de criaturas fantásticas. Y luego, fue identificando paso a paso aquellos lugares mitológicos, aquellos seres legendarios… eran héroes cuyo recuerdo estaba hundido en las profundidades de la memoria humana colectiva: los auténticos dioses atlantes que a través de sus rostros colosales revelan las verdades eternas.

Artaud siguió la búsqueda con la ayuda del peyote, la droga mágica. Pero esa es otra historia. Lo importante es que fue el primero, después de milenios, que supo reconocer las montañas esculpidas y buscar su significado.

UN VASTO SISTEMA SIMBÓLICO

¿Hasta dónde llegó Artaud en su descubrimiento del mensaje grabado en las montañas del norte de México? No lo sabemos a ciencia cierta, pero es muy probable que haya intuido que los signos de aquellas montañas formaban parte de un sistema que se extendía por todo ese país. Esta opinión la comparten algunos estudiosos de nuestro esoterismo, como Daniel Ruzo y los esposos Iturbe.

Desde esta perspectiva nuestro territorio entero tendría un simbolismo cósmico territorial entero tendría un simbolismo cósmico, plasmando así aquella antiquísima verdad hermética de que “lo de abajo es igual a lo de arriba”. De este modo, la geografía terrestre correspondiente a la arquitectura de los cielos, y las montañas esculpidas serían parte muy importante, pues las esculturas geológicas representarían una clave espacial para ubicr toda la simbología. Tal vez este conocimiento completo constituya una especie de topología oculta que puede ser aprendida en términos matemáticos, y por ello resultaría vital para su desciframiento conocer la ubicación de los puntos clave. Uno de esos localiza en la sierra explorada por Antonin Artaud, pero, es casi seguro, que otro de ellos se encuentre en el estado de Querétaro, en el punto exacto donde se alza la imponente Peña de Bernal.

LA REVELACIÓN DEL MUNDO MÁGICO

En México “Bernal es una eminencia montañosa que se alza solitaria en medio de un llano. Y esto es justamente la peña de Bernal, auqnue dicho nombre considerado al pie de la letra sea un pleonasmo”. En fin, así es como se le conoce comúnmente a este peñasco puntiagudo de una sola pieza; en los diccionarios aparece como “Bernal de Cadereyta”, dada su cercanía con esta población queretana, auqnue a sus pies se encuentra un pueblo que lleva precisamente el nombre de Bernal.

La peña se localiza en el Valle de Tequisquiapan, en la vertiente sur de la Sierra Gorda, su cumbre, de 350 metros, es visible desde la autopista México – Querétaro, aunque al parecer casi nadie repara en ella. Bernal no es un lugar especialmente turístico. Pero debería serlo, porque su peña es todo un espectáculo, ya sea que se le contemple desde lejos o que se le observe desde cerca. Además, constituye un reto para los aficionados al alpinismo.

Contempla desde la caseta de cobro de la autopista, la peña se presenta bajo la forma de una esfinge es la guardiana del inframundo. Por eso en Tebas se le colocaba a la entrada de los subterráneos; ella decía quien podía entrar y quien no. Así, la Peña de Bernal visto como esfinge es la presentación del inframundo y de la forma de entrar en él.

Pero es esfinge que contemplamos a lo lejos, se convierte en una auténtica caja de Pandora a medida que nos acercamos. Toda ella resplandece en símbolos, figuras mitológicas, personajes divinos, representaciones numéricas, etc., y cada uno de estos signos guarda una relación directa con el simbolismo de la guardiana del inframundo.

Descubrir todo eso es una tarea que puede llevar años. Pero, si se quiere vislumbrar el mundo mágico que nos revela el imponente monolito basta con ir a Bernal, darle la vuelta a la peña y tomar algunas fotografías. Puede hacerse esto al azar sin elegir ni un día ni un monto preciso. Observando con atención los movimientos de la luz sobre la roca puede descubrirse la más fantástica exhibición de figuras. La peña encantada habla así a quien es capaz de oírla y captar, aunque solo sea en forma fragmentaria, su complicado mensaje. Serían necesarios años de estudio para saber en que día exacto se formará tal figura, y qué relación tiene esta con aquella otra que aparece en una ocasión distinta, y después averiguar cual es su posición respecto al mensaje completo. Toda una labor de desciframiento criptográfico.

Pero, bien puede uno asomarse, aunque sea un poco al mundo simbólico revelado por la Peña Encantada. La experiencia es inolvidable.